Pablo Aceñolaza: “El Río Uruguay permite el ingreso de una cantidad de especies, que no estarían nunca en nuestra zona si no fuera por su existencia”
El biólogo e investigador del Conicet realizó su habitual columna de Ambiente y Naturaleza en Radio Sapukay, detallando la importancia de la biodiversidad en el entorno del Río Uruguay
“Dentro de la biología hay una rama que se llama la biogeografía y que es precisamente el estudio de la distribución de la vida en el territorio. Tanto en el territorio como en el tiempo. Cuando nosotros hablamos de esta distribución de plantas y de animales, ¿por qué encontramos ciertas especies acá y no en otros lugares?”, nos interpela Aceñolaza.
“Tiene que ver con una serie de factores climáticos, históricos, de dispersión, que actúan a distinta manera. Nosotros vivimos en nuestra zona, la latitud 32, 33 sur, en un ambiente que es casi templado. Un ambiente subtropical a templado”, agrega.
“Esos tipos de climas templados en este tipo de ambientes corresponden a vegetaciones que suelen ser vegetaciones herbáceas o vegetaciones arbóreas caducifolias, especies que pierden la hoja. Pero nosotros tenemos la característica que estamos atravesados de norte a sur por un río, nuestro Río Uruguay, nos trae desde más al norte, de climas más subtropicales, una cantidad de especies que acá nunca llegarían a estar con el clima actual”, explica.
Preguntado a la audiencia: “¿Y por qué nunca llegarían a estar? Porque las especies, tanto animales como vegetales, tienen temperaturas óptimas de reproducción, de crecimiento y en el caso de las plantas, de germinación. Si esas no se dan, las plantas no pueden estar. Y los animales que vienen junto con los tipos de vegetación tampoco pueden estar”.
Esta situación provoca que “el río ejerza una influencia como corredor biológico de la selva, o de lo que se llama la mata atlántico-brasilera, la selva misionera, hacia el sur y permite el ingreso de una cantidad de especies, vamos a decir Ibirapitá, Francisco Álvarez, muchas otras que no estarían nunca en nuestra zona si no fuera por su existencia. Y eso tiene realmente un significado muy importante para lo que es la diversidad local”, detalla Aceñolaza.
“Imaginémonos que estamos en un ambiente, a los laterales es un pastizal abierto y tenemos un corredor verde de bosques subtropicales llevando flora y fauna subtropical en ambientes templados. Eso es el estudio de la biogeografía y cómo la biogeografía en nuestro Río Uruguay tiene un ejemplo maravilloso de incremento de la diversidad local”, sostiene.
La mano del hombre puede afectar y cambiar el rumbo, Pablo Aceñolaza afirma que “el hombre modifica. Modifica cuando modifica los cursos de agua, cuando erosiona, cuando se generan las represas. Las represas que por un lado nos traen el beneficio de la energía eléctrica, por otro lado también generan interrupciones en la distribución norte-sur de especies, principalmente de agua, o sea, de picolas, peces, pero también de otro tipo de especies. Entonces hay que trabajar. Hay que tener formas de trabajo comunitario y también estatal para preservar, para conservar esa gran biodiversidad”.
El avance de las ciudades sobre el entorno natural, aplica de modo modificatorio, “ahí hay dos situaciones”, ubica como ejemplo “el tema de la iluminación nocturna, sobre todo, y otro es los campos magnéticos que también generan algún tipo de influencia sobre las rutas migratorias.
Pero eso está, por más que tengamos nuestra selva grande y las redes de alta y media que pasan por la zona, estamos en una situación como de mucho menos riesgo que en países europeos. Pero la flora, las aves también se van adaptando y utilizan también la iluminación y las ciudades como referencias de migración. O sea, en las cuestiones biológicas todo es dinámico, siempre se van modificando y adaptando situaciones”.
Para cerrar su columna, advierte que “la biodiversidad, que a veces uno la ve como algo tan teórico, es lo que nosotros vemos cuando vamos a la costa del río, cuando recorremos los bosques, la ribera, y forma parte de nuestra cultura, forma parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra forma de ser. Tenemos que cuidarla, tenemos que respetarla, e invito a que la gente sea respetuosa y se involucre también en procesos, a veces de manejo sostenible, de restauración de ribera, participación comunitaria en actividades que hagan a la preservación del ambiente. Eso también eleva no solamente la calidad ambiental, sino también el alma de las personas”, concluye Pablo Aceñolaza.

